Website diseñada por Andrew Toy

English | Español


Travesía Atlántica en Solitario:
Georgia, EE.UU a Canarias, España (2008)

Itinerario:

  • Brunswick (Georgia, EE.UU) a St.Georges (Bermuda)
    • 16 de mayo-30 de mayo (14 días)
  • St Georges (Bermuda) a Flores (Azores, Portugal)
    • 1 de junio-19 de junio (18 días)
  • Terceira (Azores, Portugal) a Lanzarote (Canarias, España)
    • 24 de julio-3 de agosto (10 días)

Lo que sigue a continuación, es un resumen con los detalles de mi travesía transatlántica desde la costa este de EE.UU hasta lsla de Lanzarote. En especial, he tratado de mostrar las muy variadas condiciones meteorológicas que me acompañaron en este viaje.

La Partida

La mañana del 16 de mayo se presentó con el cielo cubierto.

Por fin, con Pájaro cargado con provisiones para tres meses, un cigarrillo liado colgando en mis labios, la taza de metal azul llena de cacao y convencido de haber hecho todo lo que estaba al alcance de mi mano, Pájaro iba a intentarlo por segunda vez.

Sólo veinticuatro horas antes, después de batirme durante varias horas ciñendo a un tozudo SE, haciendo bordos en el poquísimo espacio que el canal de dies millas de la bahía St. Simmons permitía, cabeceando sobre crestas respetables, virtiendo varios litros de agua en el compartimiento de la cadena de fondeo, avanzar en el estrecho canal hacia el océano fue imposible.

Pero durante la noche, esperando anclado en la boca de la bahía , el viento cambió al SW, y nos abrió al Pájaro y a mi, por fin la puertas de salida hacia el océano.

Después de una memorables 70 millas mar adentro, todavía sobre la corteza continental, Pájaro comenzaba a sobrevolar ya la famosa Corriente del Golfo, importante no sólo por su labor termo-reguladora del planeta sino como la gran autopista de una enorme bio-diversidad marina. A la vista se la puede reconocer por su intenso color azul y su intensidad oscila entre llos 2 y 4 nudos en el estrecho entre Florida y el achipiélago de las Bahamas.

No muy lejos de mi puerto de salida, en el estado de Carolina del Norte, se encuentra el Cabo de Hatteras que, zona que por sus muchos naufragios se ha ganado por los marineros de la zona el apelativo de Atlantic Graveyard, o Cementerio de Atlántico. Un explosivo combo de poca profundidad, frentes pasando con regularidad, que en conjunción con la corriente, consigue remover las aguas de tal modo que la navegación en mal tiempo es un verdadero infierno para el navegante.( O un cementerio..).

Por la noche, a la espera del paso frontal tras una brusca bajada en el barómetro Pájaro fue sometido a una dura prueba en vientos que alcanzaron rachas de más de 45 nudos en un temporal compuesto de lo que más tarde me informaron como, nada más y nada menos, los “restos” de la tormenta tropical “Ofelia” subiendo por la costa de Florida.

A medida que el viento arreciaba, y la empopada (con sólo el foque pequeño) se iba haciendo cada vez más peligrosa, tomé la decisión de capear el temporal, y dejarlo pasar. Mientras, dentro de Pájaro, con las luces apagadas, escorado a unos 35 grados a babor bajo el peso de olas ciegas que rompían cada minuto sobre la cubierta llenando la bañera, admiraba el espectáculo, no sin cierta aprensión, con la esperanza de que la enorme luz que instalé en lo alto del palo pudiese ser vista y evitada por los cargueros navegando en la vecindad. Un bocata, tazas de té y algo de tabaco me ayudaron a despegar la vista de las ventanas de tanto en cuanto.

Lo cierto era que como jamás había experimentado un tiempo así de duro (porque en días así, cerca de la costa suelo optar por no navegar) y no poder compararlo con nada parecido lo asumí con resignación. Si hubiese sabido que esa cosa tenía ya hasta nombre una mujer, me hubiese puesto mucho más nervioso sin duda.

Debí de salir a la cubierta unas veinticinco veces ( más que luchas, auténticas duchas en la oscuridad ) para hacer pequeños ajustes a la caña (ligeramente a sotavento) y escota tratando de hacer que Pájaro apuntase a las aguas rompientes con la amura. Por estar navegando en aguas ligeramente más cálidas, un bañador, el arnés (siempre) y una toalla esperando dentro fueron mi sofisticado “traje” de navegación después de empapar el último par de pantalones vaqueros y camisetas a bordo.

Con la llegada del amanecer, el viento comenzó a amainar (no así las aguas, que tardaron unas horas más en sosegarse) y después de añadirle más trapo al palo, me alegró comprobar que el único incidente que lamentar fue dejar que una racha me arrancase de las manos una de las palas (la de mayor tamaño) que completa la "pala de viento "(extraordinaria creación humana), llevándosela por la borda mientras trataba de sustituirla por la otra de menor tamaño.

Más tarde solucioné el asunto cosiendo dos trozos de dacrón (paño para velas que me sobraron de la construcción de un tormentín) a dos trozos de alambre galvanizado que saqué de una percha.

Después de anadirle un trozo de cabo elástico cosido en la mitad del dacrón y para hacerlo fijo, funciona como una extensión o alargador, que se instala o se retira en dos segundos sobre la única pala menor disponible y que me sirvió eficientemente para el resto del viaje. Sobra decir que al día siguiente de esta odisea, el orgullo y la confianza en las cualidades de mi velero se elevaron al cubo y más allá de las estrellas.

El temporal fue reemplazado por una calma total, sobre un profundo océano azul oscuro, sin una brizna de brisa, momento que aproveché para poner un poco de orden y colocar el cuatro caballos a dormir en un cajón de popa indefinidamente.

La noche sorprendió a Pájaro flotando quieto como un corcho sobre un mar de cristal negro bajo el brillo de una luna de cuento, disfrutando de la visión del manto de mis constelaciones favoritas a las que salude de una en una.

En la madrugada, tras una tortilla y café, la brisa volvió y Pájaro comenzó a ganar de nuevo las diez millas perdidas a la deriva mientras capeaba el temporal. Tras despertar con el sol, pude avistar las primeras algas marrones características del mar de los Sargassos. Por la tarde el viento se desperezo y ya por la noche Pájaro volaba a fuerza 6 usando solamente el foque de trabajo en su nariz. Este viento se quedó 48 horas completas de inolvidable navegación.

Para el día 20 de Mayo, Pájaro había cubierto ya más de la mitad de la distancia que nos separaba de Bermuda. (450 millas). Enormes montes de agua azul pasando por la quilla acelerándonos de 5 a 11 nudos de GPS por momentos!! Me llevó mi tiempo acostumbrarme a mirar a las olas "a los ojos” pero tras varias horas si ser devorado por ellas comencé a disfrutar de verdad de su azul magnificencia.

Esta fue otra noche de tranquila felicidad oceánica con un viento SW constante de unos 12 a 15 nudos. ( Y ahora me digo que no necesito más que 12 nudos. Podría pasarme la vida navegando en 12 nudos... no menos..)

Por fin pude cocinar en condiciones, leer e incluso pescar. De hecho podría haber sido un pez bien grande si lo hubiese sacado a tiempo, por que mientras yo dormía, se llevó con él la única sepia rosada dejando sólo el hilo como la cuerda rota de un violín. A eso de las dos de la mañana, un lujoso yate de unos 80 pies hizo su aparición en mi horizonte. Lo vigilé esperando una variación en su derrota, y las tres luces de aproximación no hacían más que agrandarse cada minuto en mis prismáticos. Decidí romper el hielo llamándoles en el canal 16 de VHF. Su respuesta vino rápida " M.S. Starfire, con rumbo a Gibraltar,..... sí, velero Pájaro, te hemos visto, sólo queríamos acercarnos a echar un vistazo.."

A mis preguntas, me informaron que Pájaro había saltado dentro de su radar 18 millas antes, pero que en las últimas 8 millas fue cuando mi señal en su radar fue constante. Me alivió mucho saber que el reflector radar que había colgado en mi popa días antes, hacía su trabajo. La verdad es que debió de ser una vista muy bonita la de ver a Pájaro contrastado en la luna (una luna que parecía una galleta enorme y naranja mojándose en el horizonte) con todas sus velas blancas navegando en la noche como un galeón español. Por cierto que si algún tripulante del STARFIRE llegase a leer esto alguna vez, le agradecería que me mandase alguna foto de las que vi que sacaron.

Lo bueno suele ser breve, y al día siguiente pude escuchar el informe meteorológico de Herb Hildenberg en "South-Bound II" por la radio de onda corta transmitiendo desde Canada, anunciando vientos duros para la noche siguiente.

Y así fue, vinieron la noche del 21 con una intensidad de 30 nudos pero duraron hasta el amanecer dejando 10 nuditos para el resto de la mañana. Por la tarde, el barómetro subiendo y la temperatura bajando indicaban el centro de un anticiclón sobre mi cabeza, dejándo las velas desinfladas durante tres días enteros de viento CERO. Esto es lo que la zona "variable" nos tenía reservado para esta etapa de la épica hazaña y así como vino lo cogimos.

Durante esos días hubo tiempo de sobra para poner orden a bordo, pero sobretodo para reponer las horas de sueño perdidas en las miles de tareas que pilotar un velero requieren de su patrón.

Cuando el 25 de Mayo el viento volvió, lo hizo a modo de chubascos, que aproveché en la medida de lo posible. Pero cuando el viento decidió fijar posición, lo hizo justamente soplando del NE desafortunadamente la dirección a la que dirigía. Cada dos horas alternaba un bordo con la intención de ganarle algunas millas al mar.

Al final el viento cooperó cambiando al Sur lo que en unos dos días ayudó a Pájaro a alcanzar a ver las primeras luces del faro de Gibb's Hill la emocionante noche del día 29 de Mayo. Me es muy dífícil explicar lo que se siente al ver emerger tierra en el horizonte (que proceso como una suerte de espejismo) después de tantos días de haber visto sólo montes y prados de agua azul.

Pero pienso que entendiendo esa conexión misteriosa, se logrará entender uno de los muchos motivos que hacen que un humano se haga a la mar; La indescifrable sensación de encontrar tierra donde uno esperaba ver tierra. Independientemente de querer alcanzarla o no.

Y lo quisiésemos o no, Pájaro y yo habíamos llegado a Bermuda...

St. George, Bermuda

Durante la noche fui aproximándome con mucho cuidado por el sur-oeste de la isla con la intención de evitar las rompientes de los arrecifes de coral que rodean a esta isla por toda su costa y alcanzar así el Town Cut Channel, que da la entrada a St. Georges en su parte nord-oriental.

Un día de chubascos y muy poco viento entre cada uno, lo que podríamos llamar un tiempo tonto, me obligó a colgar de nuevo al somnoliento cuatro caballos en la popa, y un par de horas después en mitad de un chubasco, Pájaro hizo sonar su cadena de fondeo en la apacible Convicts Bay.

Para quien no lo conozca, cabe decir que el archipiélago de Bermuda es de una admirable belleza. Pariente cercana de las Bahamas, a las que iguala en su arena blanquísima, aguas cálidas de color turquesa y frondosa vegetación.

En mi corta parada de dos días, además de merodear por el entorno, llamar por teléfono y aprovisionar algo de su carísima fruta en el supermercado, aproveché para bucear, rascar el casco y afinar mi aparejo. Al atardecer compartiendo cervezas charlando con un par de desafiadores del atlántico en la la bahía.

Con viento favorable del Sur después de dos días de viento NE decidí no jugármela y aprovecharlo, por estar en una zona con tendencia a las calmas y a la variabilidad (dado que mi pequeño fueraborda de poco sirve fuera de aguas protegidas). Así fue como el día 1 de Junio una vez sellado mi pasaporte por el oficial de aduanas, Pájaro puso su proa rumbo a la isla de Flores en el bellísimo archipiélago portugués de Azores.

La Noche Más Larga...

Tras partir de St.Georges (Bermuda) hacia las Azores, no sólo no encontré calmas sino, quizás demasiado viento para mi gusto.

Este tramo lo hice en sólo 18 días, a pesar de que parte de él lo hice con un timón de fortuna (no todo iban a ser "Flores"...) navegando en modo "conservador".

Durante la primera semana de partir de Bermuda tuve un estable SW de fuerza 4. Viajar en velero crea una dependencia con el viento pasmosa. Cuesta imaginar una actividad humana que requiera un lazo similar con un elemento natural que además no se ve. Como una misteriosa música.

Navegando escuchaba a Joao Gilberto, mientras me admiraba de ver el limpio y depreocupadamente libre vuelo de un ave marina, sobre las ondas. El segundo día para mi sorpresa encontré en la cubierta de proa un pequeño calamar con unos ojos enormes plateados y un cuerpo rosado que salteé en la sartén para desayunar. Y no fue el último fruto del mar.

Por la tarde un grupo de sociales delfines frenaron su ágil marcha sólo para saludar. Eso de navegantes "solitarios", es un decir. Nunca se está solo en el océano.

Aunque no pudiendo trasmitir, en mi receptor de onda corta, si que podía sintonizar (casi diariamente) la frecuencia de Southbound II de Herb Hildenberg, un radioaficionado canadiense que lleva toda una vida pronosticando el tiempo a los navegantes cada día a las 20.00 GMT por amor al arte.

Mi intención era navegar con derrota NE para alcanzar los vientos del oeste (también conocidos como Westerlies) generalmente situados por encima de los N39° de latitud. Pero para este año el clima tenía otros planes y vientos fuertes se esperaban incluso para mi latitud N34°.

Herb aconsejaba no sin cierta aprehensión en su voz, no sólo dejar de subir, sino comenzar a bajar de latitud.

Sumado a su anuncio de búsqueda en cooperación con los Guardacostas de los EE.UU por la desaparición de un navegante (también solitario) al noroeste de Bermuda, me ofrecía un panorama muy poco tranquilizador. El día siete el viento comenzó a endurecer y el mar a volverse más alto como preludio a lo que se me avenía encima. Un grupo de tres ballenas grises, moviéndose en cámara lenta a un metro de mi costado de estribor en la tibia luz de madrugada me pusieron firme y contuve la respiración mientras pasaban por debajo del casco sin rozarlo.

Una simple caricia de una de las crías podría haber sido la última de mi vida. Tomé en cuenta el consejo y comencé a bajar de latitud de nuevo. Un sistema de borrascas ( o "gale system") se aproximaba con viento muy duros y mal aspecto que adquirió el océano la noche del 9 de Junio me obligó a mi pesar a seguir navegando hacia el S con el tormentín y vela de foque con el timón de viento al cargo, en busca de viento menos severos. Durante toda la noche Pájaro estuvo navegando de través a un fuerte viento del SWW cabeceando furiosamente sobre las gigantescas crestas como un potro de rodeo.

A eso de las 4.00 de la mañana un descocertante tac-tac-tac me hizo saltar del catre y con los ojos rojos y mirar a través del tambucho de lexan de hacia la bañera.

Horrorizado, comprendí que el esfuerzo había sido demasiado para Pájaro. La piezas de bronce de la caña que la unen al eje del timón, un centimetro de grosor cada una, habian sido seccionadas como si fuesen mantequilla. Sujeta todavía al piloto por cabos, la caña flotaba en el aire, sin vida, en una imagen salida de una pesadilla.

Como podía ser posible? El compás de cabina seguía en su rumbo... Pájaro navegando balanceado y seguía en su derrota!!. Era una incoherencia típica de los sueños, y yo seguía dormido? eeerrr, demasiado vívido!..

No. Esto no era ningún sueño. Era aventura pura y dura. No era el capítulo de un libro de Tristan Jones, esto eramos Pájaro, yo y el océano atlántico. Nada menos que la mitad del océano atlántico!!! Era mi aventura y mi privilegio. Y yo iba a ayudar a Pájaro a salir de esta. Valientes guerreros del imperio azul, que no serían derrotados por un estúpido temporal.

Con estos pensamientos rondándo mi cabeza a la vez que me liaba un cigarrillo parsimoniosamente, planeando bien la jugada, me llevó unicamente 15 minutos de reloj, (que mi psique procesó como 8 horas) para lograr hacer con dos placas de aluminio que casualmente guardaba, dos nuevas piezas usando el taladro (metido en una bolsa de plástico, para protegerlo de las olas que iban cayendo sobre Pájaro cada minuto) conectado al inversor de corriente. Todo eso a toda mecha atrapado por el "tren sin piloto del infierno" que volaba hacia el Sur..

Por fortuna, Pájaro estaba suficientemente bien balanceado con el duro viento de través.

Pero quizá no fuese sólo suerte. No ceder ni un grado en su rumbo? Si un corazón humano está formado por tejidos de células que se mueven y nos da lo que llamamos VIDA, no podría Pájaro haberse con vertido en un corazón de células de vidrio y resina? Dejad que lo piense así.

Cuando volví al interior de la cabina y me senté en el catre para liarme un cigarrillo, tenía dentro de mi el orgullo y majestuosidad de un príncipe volando sobre el mejor dragón del reino. Yo cuidaba de él y el cuidaba de mí. Y por las ventanas el sol de un nuevo día nos saludo a los dos!!!

Ya en longitud W50° después de este infame sistema que dejó dos días más de fuertes vientos puse rumbo al E pues Herb seguía anunciando vientos innecesariamente fuertes en latitudes superiores. La escalada de rumbo al NE la reservé para los últimos dias ya cerca de la longitud de Azores. Desde aquel día perdí para siempre el miedo a navegar en vientos de 35 nudos, donde Pájaro se porta bien ganando muchas millas con tres rizos en la mayor y el foque #2 (setenta por ciento del triángulo), navegando a un largo o foque sólo en empopada. Si el mar esta muy confuso, lo pongo a capear mientras duermo o leo tratando de poner mi mente en algo más que el estado del cielo, dejando que la borrasca me pase por encima.

Durante esta travesía encontré en el estado del tiempo a un fiel compañero de viaje. El estado del tiempo va alterando tu propio clima interior a la par de la aguja del barómetro. Eramos tres: El tiempo, Pájaro y yo. ( Comprende lo que le digo,.. doctor?)

El Paraíso de Flores

Superada esta severa borrasca los días siguientes, con vientos del W y SW soplando a fuerzas de 4 a 6, fueron una fiesta oceánica premiada con una veloz navegación de 18 días hasta Azores cuya isla de Flores alcancé a ver el día 19 de Junio escapando a un segundo sistema de depresiones anunciado en mi receptor.

Fueron casi tres semanas en las que tuve tiempo de aprender muchísimas cosas sobre Pájaro, y supongo que también descubrí algunas cosas buenas de su capitán. Calamares y peces voladores se asfixiaban voluntariamente cada noche para acompañar mis desayunos. Delfines y toninas, venían día si día no, a contarme cosas que nunca terminé de entender. Una pardela se quedó conmigo un par de dias de intensas miradas.

Y bajo el agua, en la noche, ultrasonidos de inteligencias superiores me iban sumiendo en no poco profundas meditaciones sobre nuestro planeta de agua y las limitaciones de entendimiento de mi propia especie.... hasta caer en el sueño...

El día 19 de Junio a media mañana no con poca sorpresa, comencé a ver aparecer y desaparecer unas fantasmales sombras montañosas en el mar entre nubes bajas a unas 20 millas.

Recibido con algunos chubascos bajando desde sus picos que lanzaban rachas y escoraban a Pájaro con cada uno, con mi manos jugando en las escotas, pagando con muchos bordos el error de querer aproximarme demasiado por el SE con viento WNW, logré alcanzar el dique de Porto das Lajes bien entrada la tarde.

Cerca del rompeolas el viento se apagó del todo tapado por las mismas colinas, al igual que el sol. Y me costó mucho ingenio, vela y sobretodo paciencia entrar lentamente entre su luz y su pared rocosa, después de que el carburador del cuatro caballos ya preparado en la popa decidiese ahogarse en gasolina justamente cuando más lo necesitaba.

Agotado y satisfecho, tras dejar caer mi ancla en su rocoso fondo bajo el rabioso cacareo de las aves en la pared del risco dormí como un tronco hasta el mediodía siguiente.

Me gustó el lugar hasta el punto de permanecer cuatro semanas enteras recorriendo la isla entera. En Flores la comunidad local está aliñada con antiguos navegantes que en busca de otra tranquilidad, decidieron cambiar el océano por una modesta vivienda permanente en esta isla escondida, al menos por ahora, de los peores efectos de la llamada civilización y el "progreso". Victor, el capitán de puerto, se convirtió en un amigo desde el primer momento, siempre dispuesto a ayudar.

También conocí al genial Mike Quinn, en su robusto Bristol Channel Cutter, cuando se me apareció en cubierta a reparar el carburador del cuatro caballos. Es un genio de los ordenadores y se gana las lentejas reprogramando cierto conocido sofware para cartas naúticas. Se conoce los océanos como su propia mano.

Pero hubieron muchos más, Keljd, el simpático danés, Marcel invitándonos varias tardes a beber absenta en su cubierta, y los pintorescos Quijote y su esposa la bailaora del lejano oeste en rumbo a los tablaos del puerto de Sta. María, etc, etc.

Entre otras cosas, paranoico con la pieza partida por el "gran temporal", resolví fabricar un timón respeto que en una emergencia se acopla al timón de la mi pala de viento.

En el penúltimo día hice honor a la tradición de pintar el nombre y fecha de recalada de Pájaro en el mural del rompeolas.

Ahh Flores..Este paraíso escondido en la niebla del océano atlántico.... Una vez hipnotizado por las cascadas de su costa sur bajando por sus acantilados verdes, no hay vuelta atrás.

Con el corazón en un puño, puse rumbo hacia Terceira y después de anclar y caminar por las calles de Angra do Heroismo(patrimonio de la UNESCO) decidí abandonarla al día siguiente, sintiendo desaparecer el hechizo que Flores había puesto en mi, quizá por que comenzaba a reaccionar a la rigidez de los uniformes, el tráfico, las tiendas y la vida de desesperación tranquila a ritmo de tambor televisivo. Ahora sí Pájaro, ves lo que te decía.. "Bienvenidos a la Comunidad Económica Europea."

A Casa

La madrugada que zarpé de Angra de Heroismo a eso de las 5.30 am todavía se veia la luna. Una suavísima brisa, suficiente para Pájaro, que con sus alas completamende extendidas (la escota del drifer de nylon en la botavara, y la genoa en el whisker) se hizo de nuevo uno con el océano. Me llevó justamente diez dias de inolvidable navegación cubrir las 850 que me separaban de las islas afortunadas.

En esta fase de mi aventura, no podía evitar sentirme mucho mejor marinero que cuando zarper de EE.UU. Había navegado en condiciones muy diferentes con relativo éxito. Podía leer muchas cosas que el agua y el viento decían cuando les prestaba atención. Con la autoconfianza que sólo una experiencia así otorga, me sentía más relajado que nunca y disfrutando del proceso como jamás.

La señal de Radio Exterior de España era clarísima. A la altura de Madeira, tomé la decisión de seguir navegando. Estaba feliz en el océano, y no sentía el menor deseo de aproximarme a tierra. Ya que estaba llegando a casa y al fin de esta aventura, quería al temporal y a las crestas más que nunca. En estos pensamientos andaba cuando llegó una calma completa que duró veinticuatro horas de Fuerza O, a unas 80 millas de Porto Santo, Madeira.

Intentando usar los suavísimos destellos de brisa que a veces nos regalaba el cielo, debí cruzar una barrera invisible, porque el viento paso de cero a soplar unos veinte nudos del Este que casi me tiran por la borda.

Navegando de ceñida el temporal del Este se quedó casi dos días enteros en los que en ciertos momentos tuve que bloquear la caña a sotavento y capear para descansar.

Los últimos dos días a unas 250 millas de la costa de Lanzarote el viento amainó a fuerza 6 del NE. A la mañana siguiente, en frequencia modulada de mi receptor "La Isla de los Volcanes..." hacia su aparición en las ondas. No pude contener una erupción de emoción al ver los primero secos cráteres rojizos saliendo del océano azul. José Saramago dijo una vez que el paisaje de Lanzarote se asemeja a el de una bruja vieja y desnuda. No era la primera vez para mi, respirar su aliento seco y polvoriento, pero sí para Pájaro. Y podía sentirlo cabecear felízmente de curiosidad al verla.

Pájaro, pequeño y viejo bastardo... sabía que te gustaría conocer esta vieja bruja dormida flotando frente a la costa africana. Y quizás sea mi imaginación pero algunas veces desde el muelle, cuando le observo bajo el brillo anaranjado de las luces de Arrecife, su proa parece sonreir, mientras baila con la brisa de la noche...

Lanzarote, Septiembre 2008



Cimero de Página


Como marinero a bordo del Beneteau Oceanis 50 "Victoriano" por las Islas Baleares (Junio 2010)


El 20 de Junio acepté la posicion para trabajar durante una semana como marinero de un flamante Beneteau Oceanis 50 llamado "Victoriano". Tres familias abordo (una familia española y dos familias estadounidenses) Un total de doce tripulantes compuesto por cinco niños y 7 adultos. El itinerario seguido comenzó en el puerto de Palma de Mallorca, seguido de un fondeo en Es Trenc, rumbo hacia Cabrera donde permanecimos un dia y fondeos en Formentera e Ibiza, para volver a Palma.

Con la excepción de una noche en la marina del puerto de Formentera, se optó siempre por el fondeo en las espectaculares calas que las islas ofrecen a los navegantes.

Al aceptar la posición me echó un pelín para atrás que hubiese tanto niño a bordo (y tan chiquitines). Pero unas horas más tarde de observar a las criaturas y ver lo respetuosos e inteligentes que eran, decidí "sub-contratarlos" immediatamente y sin el consentimiento de los padres, como grumetes del "Victoriano". Ahora que este viaje mágico ha terminado y veo al Victoriano vacío o con nuevos tripulantes, sé cuanto les echo de menos. Así que "desdaqui": Alex, Sean, Marina, Tony, y princesa Jackie, gracias por vuestra ayuda y por vuestras monstruosas risas al romper el sol.

En cuanto a sus padres (Roser, Dawn Rodriguez, Dan Rappold, Pedro, Jim y el maestro de ceremonias, y nuevo amigo del mar, regatista y fanático de la navegación Victor del Pozo (ole amigo !!! ni mas ni menos!!!! ) (Victor Del Pozo tiene esa manía de los buenos regatistas de ver "termales" en calma chicha.!!!) Estoy tan orgulloso de haber formado parte de la aventura con todos ellos, que sólo queda esperar que el próximo verano repitamos y me llamen de nuevo como se preveé para el 2011. Sus personalidades, su manera de cocinar, pasión por los buenos caldos y la rumba, su generosidad, su amor por la fiesta española con "los chichos" "Julio Iglesias" "Abba" y otras cosas peores sonando a toda pastilla, la gracia de los peques (por cierto, era un gusto oir las cosas que se les iban ocurriendo), contribuyeron a una semana inolvidable para mí, y según me dicen, para todos ellos que están de vuelta en sus trabajos y ciudades.

Y en cuanto al flamante Beneteau Oceanis 50, la palabra más grande que me viene en mente, es "comodidad". Cumplió su tarea como barco seco para alojar a 12 tripulantes. Sin mayores problemas que lámparas de lectura que se salían de los mamparos por un diseño enclenque.(Mucho marcado CE, pero no superaron el "test de los niños"). Como fue una travesía con muy poco viento, la mayor parte del trabajo fue dejada a cargo del Yanmar y el autopiloto Raymarine.. Las velas (mayor y genoa enrollables) totalmente nuevas , al haber sido usadas completamente desenrolladas y bien trimadas, dieron la talla en vientos de fuerza 3 a 4, con 8.7 nudos en las mejores rachas. Esos momentos hicieron que me olvidase de los modos menos automáticos, menos amplios, aun así más robusta, simple y cercana a los elementos de mi embarcación "Pájaro".

No queda más que dejar que las imágenes de tan inolvidable viaje, hablen por sí mismas:



Top of Page



Pájaro en Islote de Lobos, Fuerteventura, Islas Canarias (2009)


A poco más de una milla al noreste de Fuerteventura, como un enorme elefante de lava emergiendo de los abismos, se nos presenta el enigmático Islote de Lobos, que debe su nombre a una antigua numerosa colonia de focas monje (o lobos marinos) que habitaba el islote, ya extinguida.

Arropado entre dos islas mayores, en el estrecho de la Bocaina, el arisco Islote parece escapar hacia el Este en busca de una tranquilidad perdida hace muchas décadas en las costas de las islas mayores.
Y eso es lo primero que percibe el navegante que se acerca a su fondeadero en el sur, conocido como "el puertito". Que penetra en un santuario único de serenidad y belleza natural.

El Puertito

En el "puertito", situado al sur del islote se puede fondear entre 8 y 5 metros de arena y cascajo entre un pequeño muelle para visitantes de Fuerteventura y el arrecife del oeste. Aunque expuesto al W, el puertito está relativamente bien protegido de N por el islote mismo y del NE y E por un pequeño rompeolas natural. Existen varias boyas, pero por desconocer el estado de los amarres nunca las he empleado.

En mi tercera visita con Pájaro en el 2008 el ancla se enrredó en una enorme cadena vieja conectada a antiguos muertos (tanques rellenos de cemento) y tuve que bucear para liberarla. Pude observar cabos y otros restos de cadena que pueden complicar el fondeo. De todos modos el agua en toda la bahía es muy clara e invita a bucear en ella.

Una vez fondeados desde la cubierta se puede ya apreciar la Playa de la Concha, celosamente protegida por un arrecife semicircular a rás de agua que, como en un atolón perdido en el océano pacífico, (atolones de los que Pájaro ignora que algún dia verá), atesora una laguna de un mágico color verde turquesa.

Cruzar la barrera del arrecife con la chalana y desembarcar dentro de la laguna requiere no pocas artes marineras y bastante concentración y sincronización con las traviesas crestas que la protegen. Una vez dentro las posibilidades de desconexión son casi infinitas. Hay unos pocos senderos por los que el caminante, antes navegante, podrá observar la isla prácticamente en su totalidad sin temor a perderse. Si es que no es eso lo que realmente quiere, perderse, digo...

Sendero a la Caldera y Malpaís

Partiendo de la Playa de la Concha (o el atolón..) hay un sendero señalizado. Caminando por él se pueden comenzar a apreciar las extrañas rocas marcianas, la abundante vegetación autóctona y en algunos casos endémica, así como numerosas flores como el romero de lobos de intenso color lila. También sus curiosas y ruidosas lagartijas y perenquenes ocultos en las tenebrosas sombras de las aulagas. De vez en cuando liebres pardas (aquí conocidas simplemente como conejos) demostrándonos su gracia botando entre los matos.
Y por el aire, pardelas, petreles, y gaviotas que graznando su "aarg aarg", quieren proteger sus nidos enrocados en la lava basáltica.
Diez minutos en el sendero hacia el oeste, el caminante tiene la opción de desviarse hacia La Caldera, punto más alto del islote ( un cráter de 127 metros exactamente) o bien de continuar hacia el norte en un precioso paseo de unos 40 minutos hacia el Faro de Martiño en su punta Norte.

Caminar por el paisaje volcánico (malpaís con arena) a lo largo de este sendero hacia el faro, es un viaje en el tiempo.

Ya sea al pasado de la explosión del huevo cósmico, al del tiempo de los dinosaurios, al del descubrimiento de América avistando las carabelas de Colón en el horizonte mientras se alejan hacia el oeste o al pasado del islote como escondrijo de bucaneros en el siglo XVI.
Y si se prefiere, al futuro. Una visita intergaláctica a un extraño planeta o a los últimos días del naufragio de nuestra especie (como le ocurrió a la colonia de focas monje de la que solo perdura su nombre).

Un viaje en el tiempo para nuestra desprevenida imaginación. No es hasta comenzar a avistar el faro, que nos volvemos a acordar de nuestra época más reciente, y a comenzar a contagiarnos con la poesía que esta catedral dióptica transmite.

El Faro de Martiño

El faro de Martiño está situado sobre una colina. La superficie lisa frente al edificio principal consiste en una terraza inclinada a modo de acuífero cuya función en tiempos pasados era la de proveer al farero y a su familia de medios para recoger y almacenar agua de lluvia para sus necesidades.

Una placa de bronce en la entrada de la vivienda, nos recuerda que:

"..en este rincón del atlántico, alumbrada por la mortecina luz del faro de Martiño, nació la poeta Josefina Plá en 1903..."

y que falleció, tras una larga vida, en el lejano Paraguay en 1999.

La Olla de las Lagunitas

En la falda de la colina del faro se nos aparece La olla de las Lagunitas. Son estas unas lagunas grisáceas rodeadas de pequeñas colinas verdes (especialmente cuando ha estado lloviéndo), formando un bello paisaje que parece haber sido arrancado y soplado por los Alisios desde las lejanas tierras altas de Escocia.

Es este un lugar donde, si no un viejo castillo con hiedra, disfrazado de faro, si que espera uno encontrarse en el atardecer a un blanquísimo unicornio bebiendo en algún punto de su orilla.

Otros Datos Interesantes

Con una extensión de 470 hectáreas y 13.7 km de costa, El Islote de Lobos fue declarado Parque Natural en 1982 y en 1994 la Comisión de la Unión Europea a declaró al islote "Area de protección especial para aves." Hasta hace poco también aquí nidificaba la majestuosa águila pescadora. El islote alberga ciertas especies de aves rarísimas que no se pueden ver en ningún otro lugar del planeta!!

Lobos es un verdadero santuario para más de 130 especies de flora bien adaptada al grado de salinidad del agua , algunas de ellas únicos ejemplos en el mundo, como "La Siempreviva" . (Limonium ovalifolium canariense)

Fotos

Ahí va una selección de imágenes tomadas en tres diferentes visitas a Lobos que realizadas con Pájaro entre el verano e invierno del 2008, con mi familia, con amigos y en solitario.


Cimero de Página



Odisea Espacial en la ICW (2008)

De como partí desde Nueva Jersey y las nuevas "aventuras" que encontré en ruta navegando hacia el sur en la costa Este de EE.UU hasta Georgia, precediendo a la travesía del atlántico del mismo año.

En diciembre del 2007, ya había finalizado todos los proyectos de renovación que había planeado para mi velero Pájaro. Era hora de seguir navegando. El invierno americano estaba empezando a hacer sonar sus tambores, así que me dispuse a navegar de immediato a donde fuese, con tal de escapar la brisa helada que comenzaba a soplar.

Uno de muchos y útiles regalos que me hizo mi colega Ted Simpkins durante los siete meses que pasé en su pueblo, fue una recopilacón de cartas de navegación de toda la costa Este incluyendo la ICW (Intra Coastal Waterway, un sistema de canales que permite la navegación en casi cualquier estado metereológico). Yo quería cruzar un océano, pero para la mejor temporada todavía faltaban cinco buenos meses.

Decidí navegar hasta llegar a Brunswick, Georgia, nuevo hogar de uno de mis navegantes favoritos, que en los ochenta dió la vuelta al globo dos veces a bordo de su "Atom" un velero Pearson Triton como el mío. Una vez allí contaría con sus importantes consejos para darle a Pájaro los últimos toques con la experiencia de uno de los mejores. Además de disfrutar de un clima prácticamente veraniego.

Así fue como una nublada mañana de invierno, después de muchas despedidas la noche anterior con los muchos amiguetes que hice en esta parte del mundo mientras transformaba a Pájaro, (entre ellos Fred Mucci que me atiborró el velero con cajas de atún y crackers) con un nudo en mi garganta, partí de la marina de Salem navegando hacia la bahía de Delaware.

Con tanto que aprender por delante, después de todo el trabajo, la felicidad interior era inmensa. Por fin volvía a navegar, con un Pájaro más fuerte que nunca.

Una fuerte brisa del SE me sorprendió entrando en la bahía y me obligó a cambiar de planes y navegar hacia el Oeste a través del C & D canal ( El C&D es un canal artificial que une las gigantescas bahías de Chesapeake y Delaware), lo que significaba volver a atravesar la bahía de Chesapeake por segunda vez. No me importó. La aventura está oculta detrás de cualquier esquina del camino!!! La primera parada fue en el fondeadero del pueblito de Chesapeake City. La siguiente en este pasaje fue Annapolis (también por segunda vez con Pájaro) donde llegué un par de días antes de la famosa cumbre política con los jefes de estado de muchos paises.

Anclado en Annapolis conocí a Tom en su precioso Bounty 32 "Mutiny", otro diseño de Carl Alberg de los sesenta, que le sentaba muy bien a su pacífico y "pinkfloyesco" capitán (ver escaparate de marineros en Miscelanea).

Dos días después, a las 7:00am, fuimos expulsados (o invitados a salir?) por los agentes de seguridad que estaban evacuando el puerto en preparación de la llegada del presidente, mandatarios y demás farándula.. Con un sistema frontal aproximándose y sin opción a quedarnos, como ya digo, Tom y yo fuimos hacia la bahía con planes de navegar hasta Redville, un pueblito pesquero con perfume de arenques carbonizados, que había descubierto en mi primer viaje (una travesía de Virgina a NYC con Teresa) dos años antes.

Para cuando llegué a la altura de Redville, la noche ya se había venido encima y era prácticamente imposible encontrar la sinuosa entrada marcada con señales diurnas. Una operación aconsejada sólo con conocimiento local. Así que tomada la decisión continué navegando hacia Norfolk, Virginia mientras disfrutaba de la navegación, cenando y escuchando música.

Con un temporal desarrollándose detrás mio, que casi no noté por estar navegando de empopada, eran las 3.00 am cuando a la altura de Wolf Trap Light (Faro de la trampa de lobo!) las aguas empezaron a crecer de un modo ridículo con poco espacio entre las rompientes crestas avivadas por la poca profundidad. Sin la posibilidad de rizar bien la mayor, pues en aquel entonces Pájaro todavía rizaba con el enrollador de la botavara, la vela mayor tenía el mismo aspecto que un par de enormes calzoncillos viejos secándose al viento. Me decidí por arriar del todo la mayor, pero aún así, sólo con el foque de capa, Pájaro volaba imparable a siete nudos!!

En la confusión de la noche, debí descuidar cazar bien la driza de la mayor en su cornamusa del palo, pues escapó rapidamente hacia arriba para caer por el otro lado golpeando la cubierta como una larguísima anaconda abatida por un tiro. Sin poder salir de mi asombro, incapaz de parar este loco tren diabólico llamado Pájaro, las luces de una muy inhóspita costa de Virginia se iban acercando más y más en el horizonte mientras volabamos entre bajos de arena, marcas diurnas, boyas de jaulas para peces, flashes y otras sorpresas saliendo de la "caja de Pandora" "chesapeakeña", mientras iba siendo abordado cada diez segundos por crestas de agua helada que me dejaban empapado.

Con las primeras luces, viendo el desastre hacerse inminente (pues no era capaz de vislumbrar la entrada a la bahía a simple vista), comencé a considerar la situación con seriedad. Tristemente descubrí que el único idiota navegando ese día en las cercanías era yo. Como último intento puse proa hacia el océano, presentando el costado de babor a las furiosas crestas.

Navegando sin vela mayor, una dificultad añadida a escapar la costa a sotavento, con muy poco progreso concedido y la costa a menos de 8 millas, calculé que eso no iba a funcionar. Ahí es donde un motor intraborda quizá me hubiese solucionado el día, pero en su lugar recordé al no menos útil tanque de agua de 150 litros...

Exhausto, y sin más ideas, sobre las 7:00 am resolví hacer lo último que hubiese pensado para salvar a Pájaro de lo que se me venía encima. Molestar. Encendí mi radio en el canal 16 y pedí ayuda en la zona. Recibí respuesta immediata de la estación de los guardacostas de Ocean City, que después de entender mi situación y de pedir mi posición enviaron a una respetable fragata a mi encuentro. Bastante preocupado por la situación y tras transmitirles no estar muy seguro de poder costear económicamente un servicio de auxilio de tal envergadura, no salí de mi asombro cuando me informaron que la U.S.C.G opera sin ánimo de lucro y bajo el gobierno de los EE.UU. desplegándose únicamente cuando la vida humana está en peligro.!!! Si no en peligro todavía, si que me sentí bien importante en ese momento. En veinte minutos vi la fragata aproximarse de SE rompiendo las olas espectacularmente.

Mientras esperábamos la ayuda, Pájaro y yo tomabamos cada cresta surfeando como si fuera la última, frente una costa a sotavento con las fauces abiertas y salivando como un lobo frente a una inofensiva palomita.

Cuando por fin llegó la fragata y hacer contacto visual con los oficiales de la guardacostera, observé que era precisamente eso, sus ojos, lo único que podía ver de ellos. Ataviados con unos trajes hiper estancos de neofreno negro y naranja no pude evitar sentirme un pelín indispuesto, descalzo, con mi empapados vaqueros rotos en la entrepierna, un gorro calléndome en las cejas un anorak de polyester cubierto con un chubasquero de plastico hecho trizas.

Una vez en posición, la fragata disparó un cañon desde su popa, cargado con una bola roja conectada a una fina linea amarilla que fue a aterrizar justo en mi pecho. Me dieron señas para que estirase del la linea, donde en su extremo hallé una cabo elástico de alta calidad especial para remolques. Tomándolo en mi mano entendí que esta no era la última travesía para Pájaro. Lleno de agradecimiento, sintiéndome un poco torpe por arriesgar la vida de otros con mis dichosas aventuras, hice un "as de guía" en el molinete de proa con mis manos temblando de frio y emoción.

Tras ser remolcado durante hora y media a cinco nudos la fragata hizo su entrada en la base naval de Old Point Comfort. Una vez en el muelle después de subir a bordo y comprobar mi documentación, tras una calurosa bienvenida me ofrecieron quedarme el tiempo que considerase necesario para poner a Pájaro en condiciones, antes de continuar mi viaje al sur.

Durante mi estancia en Old Point Comfort, conocí a John Sprock, un joven ex-ingeniero de submarinos nucleares, ya retirado. Estaba acondicionando su velero, un ketch, para un futuro largo viaje con su esposa. Desde el primer momento se convirtió en un amigo y durante nuestras caminatas estuvimos charlando de cosas interesantísimas.

Partiendo de la base naval puse rumbo (entre portaaviones y destructores) hacia el fondeadero de la ciudad de Norfolk, ahora sí, donde una vez fondeado hice un poco de turismo montado en mi bicicleta de tamaño infantil. También tratando de encontrar a Tom en su "Mutiny", al que perdí de vista a pocas millas de salir de Annapolis, volando con el rapidísimo Pájaro. Después de tres días, resolví retomar rumbo hacia el sur, entrando por vez primera en la ICW (Intra Coasta Waterway) de la que tanto había oido hablar.

La primera semana la navegación fue realizada casi en su totalidad por el cuatro caballos, motoreando unas ocho horas diarias (sentado en la caña), cubriendo unas 30 millas y descansando anclado por la noche.

Aunque el pasaje en la ICW ofrece una vista de parajes espectaculares, atravesando parques nacionales, no pude evitar sentirme como un pez fuera del agua, todo el día en el timón motoreando en el poquísimo espacio que el canal permite en algunos tramos. Como si Pájaro fuese una lancha, más que un velero. Pero no había mucha elección, al ser invierno, contar con muchos frentes, duras condiciones cerca de la costa y un amargo sabor de boca en mi reciente experiencia fuera de aguas protegidas.

No fue hasta salir del Cabo de Miedo, (y dejar el rio del mismo nombre en Carolina del Norte), que iba a navegar un poco en el océano para variar. Con un nuevo amigo, Mike, y su recientemente adquirido velero holandés de acero "Ciel", al que conocí anclado en Beaufort, N.C. Mike y yo unimos nuestros planes de navegar a Georgia intentando evitar en lo posible regresar a la bella aunque tediosa ICW. Pero 24 horas después de navegar a unas veinte millas de la costa tras algunas calmas, en las que motoreabamos a bordo de Ciel y un cabo a Pájaro, el tiempo tenia algunos sucios planes para nosotros.

En la radio, una alarma de NOAA de aviso a los marineros pitaba fuertemente, anunciando un temporal duro con rachs de 45 a 50 nudos para la costa de Carolina del Sur esa noche. Con algunas lecciones aprendidas de mi última jugada en Chesapeake Bay, mi sistema de rizar la mayor, aunque no diferente (seguía en enrollador) si que había sido ligeramente perfeccionado y la curva de la mayor era aceptable si se hacia cuidadosamente y con anticipación.

A medianoche el temporal soplaba como la "Banda Municipal del Infierno." Los capitanes de Ciel y Pájaro algo "acojonados", nos reconfortabamos charlando por radio, distrayendo nuestra mirada del confuso y pesadillesco espectáculo nocturno. En mis cáculos, con viento muy duro del Este, y a menos que pusiesemos una nueva derrota a barlovento, cosa nada fácil, sería una cuestión de seis horas antes de acabar encima de algún lugar de la costa. No otra vez para el desmotorizado Pájaro!!!!!

Sobre las 4.00am con el primer destello de la luz de entrada al canal hacia la ciudad de Georgetown, y con la radio prometiendo un nuevo sistema frontal durante la mañana, tomé la resolución de intentar entrar. Mis razones eran que esta era nuestra única oportunidad para navegar de empopada hacia el único rincón protegido durante cientos de millas (la costa Este se caracteriza por sus pocas bahías y puertos de refugio). Mike, no sin cierta aprensión sobre mi nueva idea, informó ver las luces de cabina de Pájaro subir y bajar, desapareciendo en cada cresta para aparecer segundos depués en las alturas!! Todavía amaneciendo hicimos nuestra entrada con bastante éxito después de todo, y hasta llegar al fondeadero de Georgetown con la ayuda del motor de Ciel que remolcó a Pájaro cuando el viento faltó en sus muy movidas aguas. Allí encontramos una buena parada de descanso antes de proseguir por la Intra-Costera, (!!) por última vez antes de alcanzar por fin el estado de Georgia.

Tras unos días de nuevo en la ICW hicimos una segunda larga parada en la ciudad de Charleston, Carolina del Sur, donde Ciel y Pájaro fondearon una semana entera. El resto del viaje fue mayoritariamente seguir motoreando entre juncos durante horas al timón que resultaron bastante pesadas. Aún así hubieron algunos "momentos" como cuando justo después de pasar un puente de la ICW, el motor de Ciel decidió parar y Mike se decidió a hacerle un rápido cambió de aceite. Pájaro mientras tanto, decidió desplegar sus alas en el estrecho canal para matar el rato, navegando en circulos con la brisa, ... para embarrancarse en un banco de arena (no actualizado en la carta) minutos después...

Llamé a Mike por radio, que estaba abajo liado con su motor, explicándole la nueva situación. Tuvo que apresurarse a cambiar el aceite en tiempo record, porque con la marea vaciante, Pájaro en sólo dos minutos se había escorado diez grados a babor para nuestro asombro! (Sobretodo para mi asombro..) Con el poderoso diesel humeando y un cabo largo, no sin varios intentos, Ciel consiguió arrastrar a Pájaro hacia aguas mas profundas, para mi alivio...

Dejando Charleston hacia el Atlántico, ya con mejor tiempo, encontramos por fin buena navegación. Después de un día entero en el mar hicimos entrada en el rio Savannah (Georgia) con corriente a favor. Una última noche anclados entre dorados juncales y al día siguiente hicimos nuestra llegada en la marina de Brunswick, donde fui alegremente recibido por Mei y James (y una bolsa de galletas caseras) que ya esperaban mi caida. Mike atracó a Ciel en un pantalán y se quedó durante un mes entero, mientras James le instalaba un muy necesitado, piloto de viento. También Mike recibió la visita de una deliciosa amiguita y casi se olvidó de su colega de batallas y del bravo Pájaro!!! Pero sabe de sobra que tiene un colega para toda la vida y espero que otra futura encrucijada nos reuna de nuevo a Pájaro y Ciel para más aventura.

Con dos buenos amigos echándole un buen ojo al velero durante mi ausencia, ya era Febrero, y hora de volver a trabajar unos meses. Este periodo me dió la oportunidad de planear cuidadosamente la siguiente y cercana gran hazaña de Pájaro y su capitán....... Cruzar un océano rumbo a casa...


Cimero de Página



De Yorktown, Virginia a Manhattan, Nueva York

Itinerario:

Chesapeake Bay

La primera larga travesía con Pájaro (que por entonces llevaba el nombre de Hummingbird o Colibrí en español), fue navegar desde el río Yorktown, en Virginia (EE.UU) hasta la ciudad de Nueva York, cruzando el Chesapeake Bay siguiendo después la enorme bahía de Delaware hasta Cape May, para subir luego por la costa atlántica hasta llegar la famosa gran manzana.

La idea era navegar por navegar y, una vez llegados allí, Teresa podría atender unos cursos de danza contemporánea en la Trisha Brown School, mientras que por mi parte, podría disfrutar de algunos conciertos en el Village y como no, simplemente perdernos en sus museos, calles y parques. Más tarde ella tomaría su avión de vuelta a España, y yo continuaría navegando un tiempo más.

Aunque al principio nos decepcionó un poco el color "lodo" del agua tanto de las bahías como de su costa atlántica así como de sus medusas e insectos que a veces hicieron de la navegación una especie de tortura china, la travesía estuvo llena de momentos para no olvidar.

La primera noche, después de navegar desde el río hacia la enorme bahía de Chesapeake, la pasamos anclados en un tranquilo río llamado Little Wicomico donde llegamos justo antes del anochecer. Diez minutos justos de haber echado el ancla, un furioso viento salio de la nada y comenzó a virar en la dirección opuesta a las agujas del reloj. Miré al cielo y ví un remolino de nubes púrpura formando una gigantesca espiral que viraba a una velocidad de vértigo justo encima de nuestras cabezas. Enseguida me temí lo peor. Pasar de una calma completa a esto, me dije, "esto tiene que ser un tornado". El corazón se me disparó y lo primero que decidí hacer, ya que estábamos totalmente rodeados de costa cercana fue colocar otra ancla por la popa. A mis maniobras de arriba a abajo, y con Pájaro moviéndose como un caballo de rodeo, Teresa no pudo reprimir una carcajada. Ella, que tiene un alma antigua, no le tiene miedo a casi nada.

Resulto ser un frente frío del NW, que son muy comunes en esta región. Pasan a gran velocidad y aunque duran poco, pueden ser algo violentos. Es un espectáculo natural digno de ver, y después de dos años de ver unos cuantos por estas tierras los disfruto considerándolos pues, como hermanos naturales que suelen llevarse el calor sofocante y suelen preceder a los anticiclones y buen el tiempo.

A partir de ese día no me perdí ni un parte meteorológico de NOAA en mi VHF a bordo. Transmiten las 24 horas 7 días a la semana, con una voz computerizada. A la mañana siguiente ya tuvimos más tiempo para apreciar la auténtica belleza del paraje que nos rodeaba.

Leve el ancla (siempre a mano, pues no tenía dinero para un molinete entonces), y una vez en la bahía tuvimos buen viento por 8 horas, hasta que la brisa murió al entrar la tarde (cosa común en verano). Decidí encender el motor (cosa que tratamos de evitar en lo posible), y fuimos directos a Redville, un estrecho cercano, para pasar la noche. Curioso lugar este. Echando el ancla nos dimos cuenta enseguida de que éramos los únicos seres humanos en el fondeadero (y ningún problema con eso..).De pronto entendimos porque. Un fuerte olor a arenque tostado proveniente de una factoría donde pesqueros de talla media entraban y salían, nos embotó las narices completamente. Todavía puedo olerlo. Aún así, decidimos inflar nuestra barquita de juguete (fue un regalo de Doug Truston, el propietario de la marina donde compré a Pájaro) y fuimos ya de noche a una taberna, que parecía salida de una película de terror, aunque estaba ya cerrada y estaban limpiando. Allí Teresa pidío el teléfono y pudimos charlar con su madre en La Palma, en las Islas Canarias. Nos cobraron solo $5 por la llamada. Luego compramos 4 cervezas heladas pues el calor pesaba como una toalla mojada y volvimos remando a Pájaro, donde nos hicimos una fiestita bajo el manto de la noche, con guitarra y todo.

Por la mañana pusimos rumbo hacia la bahía y estuvimos navegando todo el día hasta llegar por la noche a Solomon's Island, un lugar plagado de marinas y embarcaciones de todos los tamaños. La brisa se mantuvo durante todo el día esta vez.

Al despertar pusimos rumbo hacia Annapolis, Maryland, una de las capitales mundiales del deporte de la vela, aunque esta vez la falta de consistencia en el viento, y algunos problemas con el motor hizo que la luna nos pillase navegando. Decidímos anclar ya de noche en una cala a unas 3 millas de East River, entrada de la ciudad de Annapolis, Intentar entrar en un puerto desconocido de noche hubiese sido un suicidio. Al estar expuestos al pequeño oleaje, se nos hizo imposible dormir,Teresa y yo nos mirabamos en la oscuridad resignados. Y me levante casi cada media hora para comprobar que Pájaro seguía en su lugar. Con las primeras luces y sin motor, aproveché la suave brisa y después de dos horas logramos por fin fondear en Annapolis. Lo primero que hicimos fue dormir pues estábamos exhaustos. Por la tarde fuimos a recorrer la ciudad y nos quedamos un día más. Pudimos disfrutar de una Coral sureña y un concierto de la Washington Navy Big Band,al aire libre en un parque. Desde Annapolis seguimos hasta Baltimore, donde hicimos entrada bajo los truenos de una tormenta espectacular. En Fells Point, pudimos fondear gratis, y usar un pequeño muelle de atraque para barquitas. Baltimore es una ciudad bastante grande, y Teresa se topó de frente y por vez primera con los famosos Donuts de Dunkin. Decidió que eran irresistibles, adicción que aun hoy no ha logrado superar a pesar de mis argumentos en contra de la industria basurero-alimenticia. Todavía conservo cicatrices por intentar arrebatarle un donut de las manos. Nos encantó la librería publica donde pudimos conectarnos gratis a internet y donde me pude fotocopiar un buen repertorio de guitarra clásica. Después de esta visita decidimos que ya podíamos dejar atrás Chesapeake y seguir hacia el Delaware en nuestro camino al Atlántico, vía C&D Canal. Pero al final anclamos una vez más junto a la entrada del canal, donde nos estuvimos bañando toda la tarde en un agua marrón aunque sin medusas. (Los dos nos acordabamos de nuestras mucho más limpias aguas españolas.)

Como ya puedo oir vuestros ronquidos con esta narración, dejadme terminar diciendo que algunas otras paradas fueron, Chesapeake City, (una ciudad en el medio del canal),Y Salem, en NJ, lugar al que sin saberlo todavía, regresaría más tarde para iniciar una extensa renovación a Pájaro, y donde permanecimos 3 días haciendo amigos. Tras bordear Cape May, paramos en la suntuosa Atlántic City a reirnos un rato de tanto casino y tontería general. También estuvimos en el parque de atracciones junto al mar comiendo palomitas (cotufas). Otras paradas fueron las entradas estrechísimas de Barnegat y Manasquan que aunque sin problemas, pienso evitar esos rompeolas por el resto de mis días en el agua.

Unos de los mejores momentos fué saliendo de Cape May, y encontrarnos por fin con la vasta masa de agua que es el Atlántico con un recibimiento inolvidable de manos de un grupo de simpáticos delfines que cruzaron nuestra proa varias veces para estudiarnos con sus humanoides ojos. Teresa no cabía en si.


Manhattan

Partimos de Sandy Hook alrededor de las 5.30am, con viento y corriente favorable que nos puso a una media de 8 nudos. Pájaro parecía volar. En unas horas estábamos ya sacándole fotos a la majestuosa estatua de la libertad y a los primeros rascacielos de la gran ciudad mientras navegábamos entre enormes barcos contenedores que se encontraban anclados en su puerto.

Inocentemente y siguiendo las cartas de un derrotero editado 1999 (otro regalo de Doug), pretendía encontrar un fondeadero en mitad de la isla de Manhattan. En su lugar encontré algunas boyas a 30$ por día. Me puse a investigar enseguida pues nuestro presupuesto no daba para mucho (somos artistas y frugales…) , y Greg, el oficial de la marina, hizo una generosa llamada, que nos permitió anclar gratis en otra marina situada tras el puente George Washington. Allí estuvimos tres semanas, con acceso a una parada de metro, que nos ayudo a disfrutar de todo lo que la ciudad tenía que ofrecernos. Nunca olvidaremos la hospitalidad de este país. Todo el mundo se volcó en nosotros.

El siguiente pasaje lo realicé solo (pues Teresa tenía que coger su vuelo a España) hacia Salem NJ, donde puse a Pájaro fuera del agua, para después marcharme a trabajar y a ahorrar algo de dinero para comenzar muchos proyectos planeados en el velero. Proyectos que se han visto realizados en su totalidad este año.( ver Velero)


Cimero de Página

© 2009 por Fernando de Oleza





Inicio | Velero | Proyectos | Viajes | Libros | Recetas | Miscelania | Links | Contacto