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Atlantic Crossing | De Yorktown, Virginia a Manhattan, Nueva York


Singlehanded Atlantic Crossing: Georgia, USA to Canaries, Spain (2008)

Itinerary:

Voyage details forthcoming.


Trimming
Swell
Atlantic force 6
Sea Bed
Broken tiller head repair
Buddies
Cabin
Flying Fish
Anchored in Bermuda
Landing in Lajes
Pájarito
Sunset
In Bermuda
Bermuda Islander
Free fish in Portugal
Nice downwind
Navigation table
Map
Lee Clothes
Streets of St. George
Departure
Big swell
Port of Lajes
Lajes
Room with a view
Town cut
Almost there
Atom


De Yorktown, Virginia a Manhattan, Nueva York

Itinerario:

Chesapeake Bay

La primera larga travesía con Pájaro (que por entonces llevaba el nombre de Hummingbird o Colibrí en español), fue navegar desde el río Yorktown, en Virginia (EE.UU) hasta la ciudad de Nueva York, cruzando el Chesapeake Bay siguiendo después la enorme bahía de Delaware hasta Cape May, para subir luego por la costa atlántica hasta llegar la famosa gran manzana.

La idea era navegar por navegar y, una vez llegados allí, Teresa podría atender unos cursos de danza contemporánea en la Trisha Brown School, mientras que por mi parte, podría disfrutar de algunos conciertos en el Village y como no, simplemente perdernos en sus museos, calles y parques. Más tarde ella tomaría su avión de vuelta a España, y yo continuaría navegando un tiempo más.

Aunque al principio nos decepcionó un poco el color "lodo" del agua tanto de las bahías como de su costa atlántica así como de sus medusas e insectos que a veces hicieron de la navegación una especie de tortura china, la travesía estuvo llena de momentos para no olvidar.

La primera noche, después de navegar desde el río hacia la enorme bahía de Chesapeake, la pasamos anclados en un tranquilo río llamado Little Wicomico donde llegamos justo antes del anochecer. Diez minutos justos de haber echado el ancla, un furioso viento salio de la nada y comenzó a virar en la dirección opuesta a las agujas del reloj. Miré al cielo y ví un remolino de nubes púrpura formando una gigantesca espiral que viraba a una velocidad de vértigo justo encima de nuestras cabezas. Enseguida me temí lo peor. Pasar de una calma completa a esto, me dije, "esto tiene que ser un tornado". El corazón se me disparó y lo primero que decidí hacer, ya que estábamos totalmente rodeados de costa cercana fue colocar otra ancla por la popa. A mis maniobras de arriba a abajo, y con Pájaro moviéndose como un caballo de rodeo, Teresa no pudo reprimir una carcajada. Ella, que tiene un alma antigua, no le tiene miedo a casi nada.

Resulto ser un frente frío del NW, que son muy comunes en esta región. Pasan a gran velocidad y aunque duran poco, pueden ser algo violentos. Es un espectáculo natural digno de ver, y después de dos años de ver unos cuantos por estas tierras los disfruto considerándolos pues, como hermanos naturales que suelen llevarse el calor sofocante y suelen preceder a los anticiclones y buen el tiempo.

A partir de ese día no me perdí ni un parte meteorológico de NOAA en mi VHF a bordo. Transmiten las 24 horas 7 días a la semana, con una voz computerizada. A la mañana siguiente ya tuvimos más tiempo para apreciar la auténtica belleza del paraje que nos rodeaba.

Leve el ancla (siempre a mano, pues no tenía dinero para un molinete entonces), y una vez en la bahía tuvimos buen viento por 8 horas, hasta que la brisa murió al entrar la tarde (cosa común en verano). Decidí encender el motor (cosa que tratamos de evitar en lo posible), y fuimos directos a Redville, un estrecho cercano, para pasar la noche. Curioso lugar este. Echando el ancla nos dimos cuenta enseguida de que éramos los únicos seres humanos en el fondeadero (y ningún problema con eso..).De pronto entendimos porque. Un fuerte olor a arenque tostado proveniente de una factoría donde pesqueros de talla media entraban y salían, nos embotó las narices completamente. Todavía puedo olerlo. Aún así, decidimos inflar nuestra barquita de juguete (fue un regalo de Doug Truston, el propietario de la marina donde compré a Pájaro) y fuimos ya de noche a una taberna, que parecía salida de una película de terror, aunque estaba ya cerrada y estaban limpiando. Allí Teresa pidío el teléfono y pudimos charlar con su madre en La Palma, en las Islas Canarias. Nos cobraron solo $5 por la llamada. Luego compramos 4 cervezas heladas pues el calor pesaba como una toalla mojada y volvimos remando a Pájaro, donde nos hicimos una fiestita bajo el manto de la noche, con guitarra y todo.

Por la mañana pusimos rumbo hacia la bahía y estuvimos navegando todo el día hasta llegar por la noche a Solomon's Island, un lugar plagado de marinas y embarcaciones de todos los tamaños. La brisa se mantuvo durante todo el día esta vez.

Al despertar pusimos rumbo hacia Annapolis, Maryland, una de las capitales mundiales del deporte de la vela, aunque esta vez la falta de consistencia en el viento, y algunos problemas con el motor hizo que la luna nos pillase navegando. Decidímos anclar ya de noche en una cala a unas 3 millas de East River, entrada de la ciudad de Annapolis, Intentar entrar en un puerto desconocido de noche hubiese sido un suicidio. Al estar expuestos al pequeño oleaje, se nos hizo imposible dormir,Teresa y yo nos mirabamos en la oscuridad resignados. Y me levante casi cada media hora para comprobar que Pájaro seguía en su lugar. Con las primeras luces y sin motor, aproveché la suave brisa y después de dos horas logramos por fin fondear en Annapolis. Lo primero que hicimos fue dormir pues estábamos exhaustos. Por la tarde fuimos a recorrer la ciudad y nos quedamos un día más. Pudimos disfrutar de una Coral sureña y un concierto de la Washington Navy Big Band,al aire libre en un parque. Desde Annapolis seguimos hasta Baltimore, donde hicimos entrada bajo los truenos de una tormenta espectacular. En Fells Point, pudimos fondear gratis, y usar un pequeño muelle de atraque para barquitas. Baltimore es una ciudad bastante grande, y Teresa se topó de frente y por vez primera con los famosos Donuts de Dunkin. Decidió que eran irresistibles, adicción que aun hoy no ha logrado superar a pesar de mis argumentos en contra de la industria basurero-alimenticia. Todavía conservo cicatrices por intentar arrebatarle un donut de las manos. Nos encantó la librería publica donde pudimos conectarnos gratis a internet y donde me pude fotocopiar un buen repertorio de guitarra clásica. Después de esta visita decidimos que ya podíamos dejar atrás Chesapeake y seguir hacia el Delaware en nuestro camino al Atlántico, vía C&D Canal. Pero al final anclamos una vez más junto a la entrada del canal, donde nos estuvimos bañando toda la tarde en un agua marrón aunque sin medusas. (Los dos nos acordabamos de nuestras mucho más limpias aguas españolas.)

Como ya puedo oir vuestros ronquidos con esta narración, dejadme terminar diciendo que algunas otras paradas fueron, Chesapeake City, (una ciudad en el medio del canal),Y Salem, en NJ, lugar al que sin saberlo todavía, regresaría más tarde para iniciar una extensa renovación a Pájaro, y donde permanecimos 3 días haciendo amigos. Tras bordear Cape May, paramos en la suntuosa Atlántic City a reirnos un rato de tanto casino y tontería general. También estuvimos en el parque de atracciones junto al mar comiendo palomitas (cotufas). Otras paradas fueron las entradas estrechísimas de Barnegat y Manasquan que aunque sin problemas, pienso evitar esos rompeolas por el resto de mis días en el agua.

Unos de los mejores momentos fué saliendo de Cape May, y encontrarnos por fin con la vasta masa de agua que es el Atlántico con un recibimiento inolvidable de manos de un grupo de simpáticos delfines que cruzaron nuestra proa varias veces para estudiarnos con sus humanoides ojos. Teresa no cabía en si.


Manhattan

Partimos de Sandy Hook alrededor de las 5.30am, con viento y corriente favorable que nos puso a una media de 8 nudos. Pájaro parecía volar. En unas horas estábamos ya sacándole fotos a la majestuosa estatua de la libertad y a los primeros rascacielos de la gran ciudad mientras navegábamos entre enormes barcos contenedores que se encontraban anclados en su puerto.

Inocentemente y siguiendo las cartas de un derrotero editado 1999 (otro regalo de Doug), pretendía encontrar un fondeadero en mitad de la isla de Manhattan. En su lugar encontré algunas boyas a 30$ por día. Me puse a investigar enseguida pues nuestro presupuesto no daba para mucho (somos artistas y frugales…) , y Greg, el oficial de la marina, hizo una generosa llamada, que nos permitió anclar gratis en otra marina situada tras el puente George Washington. Allí estuvimos tres semanas, con acceso a una parada de metro, que nos ayudo a disfrutar de todo lo que la ciudad tenía que ofrecernos. Nunca olvidaremos la hospitalidad de este país. Todo el mundo se volcó en nosotros.

El siguiente pasaje lo realicé solo (pues Teresa tenía que coger su vuelo a España) hacia Salem NJ, donde puse a Pájaro fuera del agua, para después marcharme a trabajar y a ahorrar algo de dinero para comenzar muchos proyectos planeados en el velero. Proyectos que se han visto realizados en su totalidad este año.( ver Velero)